Abre tus ojos, mira a tu alrededor. Abre tu mente, piensa en todo el dolor, en todos los días que nunca vendrán, en todas las noches que no se vivirán. El miedo, el olor a carne quemada… ¿No te hacen llorar?
Una bandera te ha nublado la razón, ahora tu futuro es de solo un color y tu estandarte son las palabras de un desconocido que controla y engaña tu ingenua mente adiestrada por el más vil profesor.
Cree, siente que esto puede terminar, deja aquello que tu confundido orgullo no te permite dejar, esa arma disfrazada de bandera nacional, esos malditos cantos guerreros que solo logran opacar los gritos de la pena y la destrucción. Que tus verdaderos enemigos sean quienes te mandan a morir, quienes te mandan a matar, a destruir amores y fantasías, alegrías y mañanas ahora inexistentes en el negro y revuelto mar de la mísera guerra.

Las manchas de sangre en tus manos, ¿no te han hecho pensar? Te creías civilizado pero eres un animal más, una grieta en el puente de la paz, ese puente que gracias a tu ignorancia está muy cerca de colapsar otra vez.
Mira el uniforme que cubre tu cuerpo, el casco sobre tu mente que no te permite apreciar los tristes charcos carmesí que empapan las botas en tus pies, ¿acaso esto no trae a tus sueños los llantos de los huérfanos mutilados por ideologías que solo logran la maldita destrucción?
Da un giro y escupe a esos líderes, infelices titiriteros del mal. Siembra tu rifle para que nazca una flor, radiante y bella como la fraternidad. Entiende que las fronteras existen solo en la imaginación y que los sueños van más allá, hacia lugares que no sabes apreciar, que no existirán si no logras ponerte a razonar.
Ahora deja caer las lágrimas que tus “heroicos” ojos quieren oprimir. Recuerda que no es héroe el que mata sino el que impide matar y aunque aquí todo esté de cabeza algo se puede lograr. No seas basura y comienza a mirar.
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